Cuando alguien decide dar el paso, valiente, de dejar atrás una adicción, casi siempre nos centramos solo en su tratamiento. Pero, ¿qué pasa con la pareja que se ha quedado al lado aguantando el chaparrón, sufriendo en silencio y tirando del carro?
Hace un tiempo llegó a mi consulta una pareja que venía muy tocada por este tema. Él estaba ganando la batalla a una adicción, pero el matrimonio estaba completamente congelado. Había un dolor enorme, mucho resentimiento acumulado y, sobre todo, una desconfianza que no les dejaba ni respirar.
En la terapia de pareja para estos casos, no buscamos culpables. El pasado ya no lo podemos cambiar, así que nos pusimos manos a la obra con el presente:
-Abrimos un espacio para que ella pudiera soltar todo su miedo a una recaída sin que él se sintiera atacado o juzgado.
-Pusimos pautas muy claras y transparentes en el día a día para que la confianza se fuera recuperando con hechos, no con promesas que se lleva el viento.

A día de hoy siguen juntos, fuertes y remando hacia el mismo lado. Este caso me recordó una vez más por qué hago lo que hago: la terapia no borra lo vivido, pero sí te enseña a construir un suelo firme para volver a caminar sin miedo.
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